Las polítIcas de memorIa desde PIerre Nora: La Batalla de Monterrey en 1846
Cesar Morado Macias.
El historiador tiene un papel cívico y uno ideológico, estoy a favor del primero y en contra del segundo. Pierre Nora85 ESTE ENSAYO CONSTITUYE una primera aproximación al rol de los gobiernos locales de Nuevo León para configurar una política de memoria sobre la Batalla de Monterrey en los términos de la propuesta teórica de Pierre Nora. La hipótesis postula que existió una política específica de memoria por parte de gobiernos locales para olvidar un evento en apariencia incompatible con el anhelo aspiracional de los regiomontanos, proceso que se ha revertido en los últimos 25 años. La metodología utilizada es el análisis del discurso, tanto historiográfico como de prácticas culturales. Se concluye que en el último cuarto de siglo, desde la academia y la sociedad civil emergieron nuevos discursos y prácticas que orillaron a los gobiernos locales de Nuevo León y Monterrey a modificar el calendario cívico y crear un espacio de memoria para la batalla en el corazón de la capital regiomontana. 85 Entrevista de Evelyn Erlij a Pierre Nora. El historiador es un árbitro de las diferentes memorias. Revista Letras Libres. 1 febrero 2018.
Tomado del blog de la revista. https://letraslibres.com/revista/entrevista-a-pierre-nora-el-historiador-es-un-ar bitro-de-las-diferentes-memorias.
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Desde hace mucho sabemos que el discurso histórico no es neutro; está influenciado por quienes tienen el poder de contar la historia, la pulsión de controlar la memoria de sus gobernados. Las políticas de memoria determinan qué narrativas son privilegiadas y cuáles son silenciadas. Como señala Nora (1989), «la memoria se convierte en un lugar donde se luchan batallas sobre el significado del pasado». Esto implica que las decisiones sobre qué recordar pueden tener profundas implicaciones políticas y sociales. Por ejemplo, en España, el debate sobre la Ley de Memoria Histórica refleja tensiones sobre cómo abordar el legado del franquismo. Mientras algunos abogan por una recuperación crítica del pasado, otros prefieren olvidar. Pierre Nora, en su obra «Los lugares de la memoria» (1996), desarrolla una serie de conceptos fundamentales sobre la relación entre la memoria, la historia y los espacios que las contienen. a. Memoria vs. Historia: Nora establece una distinción clara entre memoria e historia. La memoria es un fenómeno vivo, íntimamente ligado a la identidad y a la experiencia colectiva, mientras que la historia es un constructo académico que busca objetividad y distancia (Nora, 1996). Esta dicotomía resalta cómo la memoria se nutre de lo emocional y lo personal, mientras que la historia tiende a ser más analítica y despersonalizada. b. Lugares de memoria: el concepto central del libro son los «lugares de memoria» (lieux de mémoire), que son espacios físicos o simbólicos donde se manifiestan las memorias colectivas de una sociedad. Estos lugares pueden ser monumentos, archivos, tradiciones o incluso eventos históricos que han dejado una huella en la conciencia colectiva (Nora, 1996). Según Nora, estos lugares son esenciales para entender cómo las sociedades construyen su identidad a través del tiempo.
c. La crisis de la memoria:
Nora argumenta que en el mundo contemporáneo existe una crisis de la memoria debido a la 134 Las políticas de memoria en la construcción del discurso histórico modernización y a la globalización. Las tradiciones locales y las memorias colectivas están siendo reemplazadas por narrativas más universales y homogéneas (Nora, 1996). Esto plantea un desafío para las sociedades que buscan mantener su identidad cultural frente a fuerzas externas cada vez más evidentes por la globalización y el uso intensivo de redes sociales. d. El papel del historiador: En este contexto, el historiador tiene un papel crucial como mediador entre el pasado y el presente. Nora sostiene que los historiadores deben reconocer su responsabilidad en la construcción de narrativas históricas que no solo informen, sino que también conecten con las memorias vivas de las comunidades (Nora, 1996). Finalmente, el pensador francés aborda el tópico de la e) Materialidad de la memoria, donde enfatiza la importancia de los objetos materiales en el proceso de recordar. Los lugares de memoria no solo son simbólicos; también son tangibles y pueden ser experimentados físicamente por las personas (Nora, 1996). Esta materialidad ayuda a anclar las memorias en el tiempo y el espacio. Ahora pasamos del marco teórico al nivel empírico.
Por Batalla de Monterrey entendemos a una serie de eventos militares ocurridos en Monterrey, México entre el 21 y 24 de septiembre de 1846 por tropas norteamericanas y mexicanas, las primeras tratando de ocupar la capital, la segundas defendiéndola, encabezadas por Zachary Taylor y Pedro Ampudia respectivamente, como parte de la Guerra entre México y Estados Unidos. Como resultado de la derrota militar, la ciudad permaneció ocupada por tropas norteamericanas durante 22 meses, desde agosto de 1846 hasta junio de 1848. No es objetivo de este texto analizar los pormenores de la batalla ni la historiografía alusiva, que hemos analizado en otros trabajos86, sino llamar la atención sobre discursos y prácticas 86
Morado Macías, César. El Emplazamiento de los cuerpos. Elementos para una interpretación sobre la Batalla de Monterrey en 1846. Monterrey. Consejo para la Cul tura y las Artes de Nuevo León. 2011. 224p.
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en Monterrey durante los últimos 25 años que resultan altamente significativos. En términos generales, dicho evento militar permaneció marginado del calendario cívico local. En las historias generales de Nuevo León escritas durante el siglo XX no se le concede suficiente atención. Acaso hay dos excepciones, en 1933, David Alberto Cossío (1883-1939) en su Historia de Nuevo León describió someramente los acontecimientos desde la Independencia de Texas hasta la ocupación de Monterrey por las tropas norteamericanas usando documentos, aunque sin citar las fuentes. Han llegado a nosotros en el Tomo VI de sus Obras Completas, aunque no constituyen desde luego una obra de amplia difusión entre la población87. Otro autor regiomontano que no omite el fenómeno es Carlos Pérez Maldonado (1896-1990), en sus Narraciones históricas regiomontanas, publicadas en dos tomos entre 1959 y 1961, donde rescató crónicas y documentos relativos a tales acontecimientos. Sin embargo, en 1946, al cumplirse el centenario de los funestos acontecimientos, no hay un libro alusivo y en algunas obras generales como la muy difundida Historia de Monterrey de Andrés Montemayor Hernández (1943-1982), la omisión al tema es lamentable. Otra coyuntura que pudo discutir el problema fue la Primera Reunión de Historiadores Mexicanos y Norteamericanos celebrada en Monterrey en 1949, pero al perecer el tema no formó parte de las discusiones del evento o no hemos localizado evidencia publicada al respecto88.
Sin duda, se trató de una tragedia que la ciudad prefirió olvidar para procesar el dolor inmediato y este devino en olvido historiográfico. La efeméride no apareció en el calendario cívico nuevoleonés, ni en las principales historias que circulan masivamente entre los escolares. Adicionalmente, durante el 87 Cossío, David Alberto. Obras Completas. Tomo VI. Congreso de Nuevo León. Monterrey.2000, pp. 45-242. 88 Aquí nació el evento que se ha venido realizando periódicamente integrado a los colegas de Canadá. El más reciente está proyectado para celebrar su XVI edición en la Universidad de Texas en Austin ahora si bajo el tema: Los federalismo en México y México-Texas. 136
Las políticas de memoria en la construcción del discurso histórico siglo XX una gran cantidad de nuevoleoneses han migrado a Texas a partir de la Revolución y se ha formado una comunidad transnacional cuyo nexo más nítido es el eje Monterrey-Houston. Para efectos de nuestro tema, ello genera una doble complejidad, ¿cómo recordar la guerra con un país que ha significado para muchos la salvación de su ancestral pobreza? Y, en segundo término, para los sectores más ilustrados: ¿cómo recordar una guerra que, mutiló a México, pero que a la larga, significó una oportunidad histórica para Monterrey, puesto que el intercambio norteamericano detonó el crecimiento económico regiomontano? Quizá, en la medida en que tengamos más estudios desde la perspectiva de la historia cultural, tengamos mayores respuestas a esta relación de amor-odio de los mexicanos del norte frente a los Estados Unidos, de los cuales en caso regiomontano es particular. No es extraño admitir el dicho popular: “lo mejor de Monterrey es Mc Allen”, aludiendo a la integración con esta ciudad texana vecina de Reynosa, distante apenas 240 kilómetros de la capital nuevoleonesa. ¿Qué hacer entonces con esta batalla? Sobre estos antecedentes, acudimos a la propuesta teórica de Pierre Nora89 que nos resulta pertinente para plantear nuestra hipótesis: en los últimos 25 años, desde la academia y la sociedad civil nuevoleonesa se ha obligado a los gobiernos locales de Monterrey y Nuevo León a repensar la batalla a nivel historiográfico y fundar nuevos lugares para la memoria. Como sabemos por su obra magistral: Los Lugares de la memoria, Nora plantea que la memoria es: “es afectiva, psicológica, emotiva; en un principio es individual, a diferencia de la historia. La memoria, además, es extremadamente voluble, juega muchos papeles y no tiene pasado, ya que por definición es un pasado siempre presente”90. 89 Nacido en Francia en 1931, Pierre Nora es uno de los historiadores vivos de mayor influencia en la actualidad. La serie de libros titulada: Los lugares de la memoria publicada en diversos idiomas y en español en 2008, son la base para los plantea mientos de esta ponencia, particularmente sus conceptos sobre Historia, Memoria y como se condicionan mutuamente. 90 Entrevista a Pierre Nora. El historiador es un árbitro entre diferentes memorias.
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Bajo esta perspectiva, la memoria adquiere cierta vulnerabilidad, porque está sujeta a múltiples presiones y muchas de ellas provienen de la política, es decir, del grupo gobernante. En Nuevo León, como en el resto de México, son las elites gobernantes quienes influyen en los calendarios cívicos y los libros de texto escolares que moldean la memoria. Los dirigentes son muy conscientes, como dice Aplebby: que si se pretende el control de un grupo social lo primordial es el control de la memoria91.
Nora es consciente del problema y nos advierte los riesgos: la memoria es la vida, con grupos vivos y en evolución permanente y con deformaciones sucesivas; está abierta a la dialéctica del recuerdo y la amnesia, por lo que es vulnerable a las utilizaciones y manipulaciones… Como depende de los grupos, hay tantas memorias como grupos, por lo que es múltiple, colectiva, plural e individualizada.92 Veamos enseguida los libros y lugares que han configurado la memoria de esta batalla. Desenterrar los huesos (1996) La hipótesis de estos apuntes es que todo empezó a cambiar en 1996, pero no por una acción de un grupo de historiadores o una acción gubernamental deliberada. Como si se tratara de una intervención inspirada en los textos de Michel Foucault en el sentido de la necesidad de abrir las tripas de una ciudad para develar las historias ocultas, marginadas, incompatibles con un guion histórico particular, las obras de remodelación en el centro de Monterrey implicaron excavaciones, revelaron huesos que en principio se creyó pertenecían a víctimas recientes. La búsqueda del futuro, la construcción del metro, nos lleva al pasado. La oportuna llamada de atención de historiadores como Ahmed Valtier alertó a la opinión pública sobre el posible origen de los 91 7.- Allier Montaño, Eugenia. Reseña “Historias nacionales, historia de la memo ria”. Revista Andamios. Vol 7. Num 13. Mayo-agosto 2010. Pag.58. Appleby Joyce, et al. La verdad sobre la Historia. Buenos Aires Argentina. Andrés Bello 2003. 162. 92 Nora, Pierre. Los lugares de la memoria. Montevideo Uruguay. Editorial Trilce 2008. pag,33. 138 Las políticas de memoria en la construcción del discurso histórico restos localizados. El diario regiomontano El Norte consignó en dos notas intituladas “Los restos de la calle Washington” y “Piden poner un monumento en el lugar del hallazgo” (El Norte, 16 y 17 de octubre de 1996). Cabe señalar que no se trata de un diario cualquiera sino el de mayor circulación de la ciudad, que según estudios concentra un 95% del mercado periodístico, por lo que la noticia inquietó a varios sectores de la audiencia. Las notas publicadas resumían lo siguiente: Las osamentas halladas en Washington y Héroes del 47 son de soldados que participaron en la Batalla de Monterrey en 1846 [...] es urgente [...] distinguir con un monumento o placa el lugar como un sitio de suma importancia histórica en Monterrey. El sitio de las Tenerías representa un sitio histórico y debe haber un monumento o por lo menos una placa en honor a los caídos en aquel sangriento enfrentamiento93. El hallazgo constituyó un punto de inflexión y las cosas empezaron a cambiar. Ese mismo 1996, con motivo del 150 aniversario de la guerra México-Estados Unidos, la investigadora Laura Herrera convocó a un grupo de historiadores para escribir un libro colectivo. Por Nuevo León se invitó a Miguel Ángel González Quiroga que redactó el ensayo titulado Nuevo León ante la invasión norteamericana, 1846-1848, como parte de la obra México en Guerra (1846-1848) Perspectivas regionales, coordinada por Laura Herrera Serna dando inicio a una serie de textos y eventos que vendrían a reinterpretar el evento histórico estudiado. Reconocido académico en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, González Quiroga (1997) era consciente del desafío que iniciaba94 y advertía que su trabajo tenía el propósito de 93 Archivo del periódico El Norte. Monterrey, 17 de octubre de 1996. Sección Cultura. p. 1. 94 Miguel Ángel González en su obra advertía que “lo único que se ha escrito en detalle son dos relatos de testigos presenciales sobre la Batalla de Monterrey”, y ense guida citaba los textos de José Sotero Noriega publicados en el apéndice del volumen 2 del Diccionario Universal de Historia y Geografía en 1856, obra coordinada por Ma nuel Orozco y Berra. Esta versión -indica González Quiroga- era una calca de la que se publicó en Ramón Arcaraz (et.al.) Apuntes para la historia de la guerra entre México y los Estados Unidos, impresa por Guillermo Prieto y Manuel Payno en 1848; aunque a Sotero no se le dio crédito entre los quince autores de esa obra. Otro relato fue el de 139 Cecilia Sheridan / César Morado (Coordinadores) “levantar el velo sobre esa etapa desconocida de nuestra historia regional [donde] los historiadores locales no se han ocupado de este episodio, tal vez por lo doloroso y humillante”95. Por vez primera, el autor acudió a los archivos locales para dimensionar el rol de los actores políticos locales y no solo la actuación de los comandantes militares. Fiel a su enfoque trasnacional, muy acucioso, el autor hizo gala de su conocimiento de las fuentes norteamericanas y las entretejió hábilmente para un texto pionero de gran solidez que deja de lado visiones autocomplacientes, victimizaciones estériles y analiza sin tapujos las injusticias de ambos ejércitos y sus abusos sobre la población. Papeles que hablan de la guerra (2001) Hasta entonces, uno de los argumentos que se esgrimían para justificar la ausencia de estudios relativos al tema, era la ausencia de documentos históricos en los archivos regionales. Buscando combatir este argumento y poner a la disposición de muchos el contenido de los papeles relativos a estos eventos, en 2001 se editó un valioso disco compacto con el título Fuentes para la Historia de la Guerra México-Estados Unidos. Nuevo León 1835 1954 (Centro de Estudios Sociales y Humanísticos, A.C., Saltillo, Coahuila y el Servicio de Parques Nacionales del Departamento Interior de los Estados Unidos de América), con un catálogo de 12500 referencias documentales sobre la invasión norteamericana, la guerra contra México y su impacto en Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí y Tamaulipas. Lamentablemente, nunca se imprimió en papel. Para buscar los documentos de Nuevo León se había contratado a Leticia Martínez, Jesús Ávila y Cesar Morado, quienes revisaron los acervos locales. En diez archivos localizaron huellas sobre el conflicto armado: el Archivo General del Estado de Nuevo León y los de Monterrey, Montemorelos, Cadereyta Manuel Balbontín, Año de 1846. Capitulación de la ciudad de Monterrey, publicado por el Gobierno del Estado de Nuevo León en 1974 (González Quiroga, 1997, p.p. 425-426). 95 Miguel Ángel Pág. 471 140 Las políticas de memoria en la construcción del discurso histórico Jiménez, Santa Catarina, Lampazos, Marín, García, Sabinas Hidalgo y el de la Arquidiócesis de Monterrey. Redactaron 2 500 fichas correspondientes al mismo número de documentos96. Posteriormente, en mayo de 2003, a Martínez, Morado y a Ávila, el Senado de la República les editó La guerra México-Estados Unidos. Su impacto en Nuevo León, 1835-1848. Dicho libro está basado en algunos de los 2 500 localizados por los mismos autores que habían realizado el trabajo de catalogación. En 2009, The University of Texas at Brownsville and Texas Southmost College y la UANL, publicaron de César Morado, Leticia Martínez y Jesús Ávila Papeles que hablan de la guerra. Nuevo León (1835-1848). Catálogo de fuentes documentales, hemerográficas y bibliográficas en tres volúmenes, fortaleciendo el inventario especializado de textos alusivos97. A partir de las publicaciones, de estas huellas, los textos de divulgación y las gentes interesadas en el tema se multiplican en la metrópoli. No solo se trata de personas que quieren informarse de lo ocurrido, sino que quieren involucrarse aportando sus oficios y saberes particulares: rastrear fotografías, mapas, indicios, testimonios. Los amigos de la Batalla (2007)
Es en este tsunami de nueva información y a diez años de la emergencia de una nueva historiografía sobre la guerra, surgió un grupo, de personas de la sociedad civil, convocado por Pablo Ramos y Ahmed Valtier, apasionados de la historia militar, se propusieron una serie de acciones para recuperar la memoria del evento. El grupo original estuvo integrado por: Javier Alcalá 96 En 2004, el municipio de Monterrey se incorporó a este esfuerzo de buscar las huellas de la guerra y editó un disco compacto rotulado con el nombre Guerra México-Estados Unidos: Documentos en el Archivo Histórico de Monterrey, el acervo digitalizado de esta colección fue posible gracias al trabajo realizado por Margarita Domínguez, Bertha Villarreal de Benavides, Juan José Palos, Ahmed Valtier, Miguel Ángel González y Eduardo Cázares. 97 En 2009, la Universidad de Monterrey publicó una tesis que había realizado Eduardo Cazares en la UANL titulada: Nuevo León durante la guerra México-Estados Unidos 1846-1848. Se había defendido en 2001 en la Facultad de Filosofía y Letras bajo la dirección de José Reséndiz siendo la primera tesis de licenciatura que estudia el tema. 141 Cecilia Sheridan / César Morado (Coordinadores) Salinas, Pablo Ramos Benítez, Luis Rafael Rodríguez, Miguel Ángel González Quiroga, Araceli Rivera Estrada, Jesús Ávila, Javier Sánchez Perales, Juana Margarita Domínguez Martínez, Eduardo Cázares Puente, Ahmed Valtier Mosqueda, Juan Antonio Cerda y Blanca Laura Muñoz. Se autodenominaron:
Amigos de la Batalla de Monterrey.
Desde 2007 a la fecha, este grupo de la sociedad civil ha sido el principal promotor para rescatar la memoria del citado evento militar. Bajo el liderazgo de Pablo Ramos y Amhed Valtier promovieron una guardia de honor en memoria de los caídos cada 21 de septiembre aniversario del combate en el sitio del combate, impulsaron con éxito que Conarte colocara placas con la información histórica en los lugares más significativos de la batalla, que se montara una exposición temporal alusiva al tema en el Museo del Noreste (2016) y finalmente, en 2010 lograron que el congreso local declarara el 21 de septiembre como el día de la Batalla de Monterrey. Otro logro significativo fue gestionar que se erigiera un monumento conmemorativo (2012) que fue inaugurado por el gobernador Rodrigo Medina en el cruce de las calles de Héroes del 47 y Paseo Santa Lucia, sitio donde se produjo la batalla y al que peregrinan los “amigos” cada 20 de septiembre para la guardia y el homenaje, ahora ya es un evento oficial. Había nacido un nuevo lugar de memoria. Consideramos que estas acciones son representativas de un proceso de apropiación singular de la memoria a contrapelo de la historia oficial. La existencia de este grupo pone a prueba el desafío de Nora en el sentido de que las personas involucradas en este “rescate de memoria”, por tratarse de aficionados a la historia que se apasionan con los personajes e incluso indagan 98 Aunque no pudo formar parte del grupo, a nivel personal, Doña Bertha Villareal de Benavides (1937-2007) fue una promotora incansable del recuerdo de estos comba tes y una coleccionista de objetos alusivos. Incluso público en el Anuario Humanitas de la UANL, tres documentados artículos sobre el tema, en 2001, 2002 y 2003 respec tivamente. En el primero de ellos documento el perfil de los primeros egresados de la Academia Militar de West Point que participaron en los eventos de Monterrey. 142 Las políticas de memoria en la construcción del discurso histórico su pertenencia familiar, se sienten herederos de estos “héroes o heroínas” y claman su reivindicación en forma radical. Por ejemplo: ante el extraño vacío del ejército mexicano en los eventos conmemorativos de cada septiembre, los “amigos” han optado por disfrazarse ellos mismos de militares y encarnar a sus personajes favoritos. Pablo Ramos se disfraza de Pedro Ampudia, alguna mujer de Josefa Zozaya y así los demás. Incluso en algunas de las ceremonias conmemorativas se ha invadido al cónsul norteamericano en Monterrey para rendir homenaje a los caídos en servicio de ambos ejércitos. El evento cívico se transforma en una representación. Una tesis doctoral (2007) Una vez que ya se contaba con un catálogo de documentos que enlistaba más de 2 500 fichas sobre lo ocurrido en Nuevo León, hizo posible que se aprobara en la Universidad de Guadalajara la primera tesis de doctorado que intenta interpretar el proceso (2007). En dicho trabajo y desde la perspectiva de la biopolitica de Michel Foucault, se trata de abandonar la historia militar para intentar una historia social de la guerra donde se inscribe a la batalla en el proceso de construcción de la frontera99. Un fragmento de esta tesis doctoral fue presentada al concurso de investigación histórica Israel Cavazos Garza en 2010, obteniendo el primer, por lo que fue publicada al año siguiente bajo el sugestivo título de influencia foucaltiana: El emplazamiento de los cuerpos. Elementos para una interpretación sobre la Batalla de Monterrey durante la guerra México-Estados Unidos en 1846, editada por CONARTE. La batalla llega a las redes (2008) Sin duda, uno de los aspectos que ha influido para que la Batalla de Monterrey forme ahora parte de la memoria regiomontana es el impacto de las redes sociales. Acertadamente, en el año 2008, 99 Morado Macías, Cesar. La batalla de Monterrey. Guerra, frontera y sociedad. El papel de los actores locales en la guerra entre México y los Estados Unidos. Tesis doctoral. Universidad de Guadalajara. Guadalajara México. 2007.370p. 143 Cecilia Sheridan / César Morado (Coordinadores)
el doctor Pablo Ramos —médico de profesión- sin prácticamente ninguna experiencia en el diseño de páginas web, lanza en forma intrépida el Blog de la Batalla de Monterrey. A partir de entonces el blog registra más de un 1, 584,000 de visitas, lo que nos habla de que lo publicado ahí tiene más impacto que todos los libros publicados a la fecha sobre el tema. El blog incluye litografías, artículos, reportajes y todo tipo de hallazgos que va realizando la Asociación de Amigos. El impacto del blog ha llegado a nuevos públicos de todas las edades que ahora conocen el Fortín del Obispado, desde un lugar de “memoria de resistencia” frente a un ejército extranjero y ya no solo un edificio en que se tomaban fotos el día de la boda, los flamantes consortes. Cabe señalar que dicho inmueble, donde ondeó la bandera norteamericana en 1846, es hoy sede del Museo de Historia Regional administrado por el INAH donde aún permanecen los cañones fijos apuntando a los enemigos. Se modifica el calendario cívico de Nuevo León (2010) Quedaba pendiente el tema del calendario cívico local que guía los eventos que conmemoran miles de escolares en las escuelas públicas y privadas de la entidad. Después de múltiples solicitudes, finalmente, el 1 de diciembre de 2010, el Congreso de Nuevo León estableció en el calendario cívico que el 21 de septiembre fuera considerado como el Día de la Batalla de Monterrey. Fue así, como al año siguiente, por primera vez en 165 años, los poderes estatales —gobernador, diputados y alcalde de Monterrey— conmemoraron recordando a los mexicanos que “ofrendaron su vida defendiendo la integridad y soberanía de Nuevo León y de México”100. Desde esta fecha, el evento conmemorativo, que desde 2007 corría a cargo de la sociedad civil, pasó a ser apoyado 100 Discurso de Rodrigo Medina gobernador de Nuevo León al momento de inau gurar la placa conmemorativa al 165 aniversario de la Batalla. Monterrey, 21 de sep tiembre del 2011. Además de rendir homenaje por parte de los Tres Poderes del Estado, colocar una ofrenda floral y guardar un minuto de silencio, con el apoyo del Consejo para la Cultura y las Artes y la Asociación “Amigos de la Batalla de Monterrey”, fue inaugurada la Ruta Histórica de la Batalla de Monterrey. 144 Las políticas de memoria en la construcción del discurso histórico económicamente por el gobierno estatal a través de la Dirección de Acción Cívica adscrita a la Secretaria General de Gobierno. A la par con el decreto citado, la Universidad de Oklahoma publicó de Christopher Dishman, A Perfect Gibraltar. The Battle for Monterrey. México, 1846. El primer libro publicado en inglés que aborda exclusivamente lo ocurrido en esta batalla contada desde la perspectiva norteamericana. Una plaza para la Batalla (2012). Un nuevo lugar de memoria Posicionar el aniversario de la Batalla de Monterrey en el calendario cívico local y en la memoria de los nuevoleoneses continuaba, pero no estaba exento de polémicas y discontinuidades. Un paso importante se logró en el año 2012 cuando se inauguró la Plaza de la Batalla de Monterrey, justo en el sitio donde desde 2007 se habían iniciado las guardias de honor a los mexicanos caídos: Héroes del 47 y Paseo Santa Lucia por ubicarse ahí el Fortín de las Tenerías. La pequeña plazoleta se ubica junto al Paseo Santa Lucia, por lo que a partir de entonces los “lancheros” que explican a los turistas los lugares históricos de la ciudad han incorporado el evento a su discurso. El rol de la Asociación de Amigos de la Batalla fue significativo y desde luego la actitud de la empresa inmobiliaria Desarrollos Delta —desarrolladores del complejo denominado La Capital— propiedad de Federico Garza Santos para honrar con una plaza a los militares caídos. Por vez primera se logró erigir una estela con los nombres y la sociedad nuevoleonesa pudo conocerlos luego de ignorarlos por más de 165 años. El apoyo del Congreso Nuevoleonés a través del diputado Héctor Morales fue significativo, así como el apoyo de Conarte- Carmen Junco- y la Delegación del INAH en Nuevo León —a cargo de Héctor Jaime Treviño-. La resignificación de la batalla seguía en libros y nuevos lugares para la memoria. Durante el año 2016, en el marco del 170 aniversario de la Batalla de Monterrey, tuvo lugar el primer coloquio convocado expresamente sobre este tema convocado por la UANL a través de Edmundo Derbez responsable del Archivo 145 Cecilia Sheridan / César Morado (Coordinadores) Histórico de la universidad y director de la Revista Atisbo que había publicado varios reportajes alusivos, el congreso contó con la participación de 25 ponentes, algo sin precedentes hasta entonces sobre un solo evento militar. La batalla llega al museo (2016) Quizá uno de los lugares más determinantes para la construcción de la memoria en la modernidad es, junto al archivo, la institución del museo. Faltaba todavía que la batalla llegara a los guiones museográficos. Un segundo logro significativo ocurrió en el año 2016, cuando la dirección de 3 Museos a cargo de Magolo Cárdenas para conmemorar el 170 aniversario de la batalla decidió organizar la primera exposición museográfica profesional sobre el citado evento militar, logrando exhibir litografías, documentos, monedas, pertrechos y pinturas alusivas. «La gente de Monterrey se va a sentir muy orgullosa de esta exposición, es un esfuerzo que se hace por primera vez de esta magnitud para conmemorar el aniversario de la Batalla de Monterrey, este acto que es tan importante en la historia del país y de la ciudad», declaró Magdalena Cárdenas, directora de 3 Museos en rueda de prensa previa al evento. La conferencia inaugural de la exposición estuvo a cargo de César Morado, catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL y fue tal la respuesta del público que se tuvieron que abrir los dos auditorios, tanto el del Museo del Noreste como el del Museo de Historia Mexicana. Terminada la conferencia, el público pudo disfrutar del recorrido inaugural. Los asistentes pudieron observar los momentos de la batalla a través de una gran línea del tiempo, que mostraba los principales sucesos políticos y militares, apoyados en una vasta información histórica, gráfica y 50 objetos (litografías, documentos, monedas, armas, pertrechos y pinturas) que lograban una conexión directa con los momentos históricos representados. Para que dicha exposición fuese posible, se contó con la colaboración directa del Museo Batalla de la Angostura, de Saltillo, Coahuila; del Dr. Pablo Ramos y Ahmed Valtier de la Asociación 146 Las políticas de memoria en la construcción del discurso histórico de Amigos de la Batalla de Monterrey, y del Dr. Luis García, quien asesoró en el guion histórico, información documental, identificación y uso de las colecciones de armamento, falerística y uniformes militares. La pieza principal que el museo empleó para hablar de este acontecimiento bélico fue el libro The war between the United States and Mexico illustrated, -La guerra entre Estados Unidos y México ilustrada-, un álbum de doce litografías, producida por el periodista y comerciante estadounidense George W. Kendall e ilustrada por el artista alemán Carl Nebel, que data de 1851. La exposición titulada: Batalla de Monterrey permaneció abierta durante los meses de septiembre y octubre con gran respuesta de los visitantes. Al finalizar, los materiales quedaron en la bodega del Museo del Noreste para exhibiciones posteriores. La ciudad se descubre heroica (2022) Otro evento significativo en torno a la resignificación de la memoria que estamos estudiando, se produjo en el año 2022, cuando en sesión de cabildo, en el marco del 426 aniversario de la fundación de la ciudad, el ayuntamiento regiomontano, por fin se hizo eco de la reiterada petición de cronistas locales en el sentido de realizar una “declaratoria de Monterrey como ciudad heroica por lo ocurrido entre 1846 y 1848”. Correspondió al alcalde Luis Donaldo Colosio establecer la citada declaratoria y pronunciar un discurso alusivo en memoria de los caídos en combate. Un reconocimiento sin duda significativo por todas las personas que pasaron hambre o se vieron desplazadas por la guerra en los años que Monterrey permaneció ocupada por tropas norteamericanas. Aunque, desde luego, también es justo reconocer que la defensa formal de la ciudad correspondió al ejército regular y que, por lo tanto, los muertos no fueron en su mayoría regiomontanos, como queda expuesto en la estela alusiva en la Plaza de Monterrey. Antes, como ahora los integrantes del ejército mexicano, eran provenientes de los estados más pobres del país, quienes veían en el servicio militar una forma de acceder a una vida mejor. 147 Cecilia Sheridan / César Morado (Coordinadores) El Museo de la Batalla de Monterrey (2024) Haciéndose eco de numerosos planteamientos de organismos de la sociedad civil, la administración municipal de Monterrey encabezada por Margarita Arellanes (2012-2015) —primera mujer alcaldesa en la historia de la capital— trazó el proyecto de construir un Museo para recordar la Batalla de Monterrey. El predio elegido para tal proyecto fue en la zona del Barrio Antiguo, donde topa la calle Héroes del 47 con el Paseo Santa Lucia, justo enfrente donde se localiza la Plaza de la Batalla. Sin embargo, el hecho de que se planteara el cierre de su gestión hizo imposible avanzar en el proyecto. El cambio de partido en la gestión municipal de PAN a PRI no impidió que el proyecto fuese retomado por la gestión de Adrián de la Garza. Sin embargo, los avances fueron mínimos y tortuosos. En la página web del Municipio de Monterrey, durante la primera gestión de Adrián de la Garza (2015-2018), la Secretaria de Obras Públicas a través de la Dirección de Planeación y Contratación afirmó haber contratado a la empresa Monc Constructores por un monto de 17 millones 600 mil pesos para la construcción del Centro Cultural Museo Batalla de Monterrey. El sitio web de la empresa Monc Costrucciones publicitó en su página web institucional la realización de dicho proyecto. Sin embargo, fue hasta el año 2024 cuando la administración de Monterrey a cargo de Luis Donaldo Colosio pudo inaugurar la obra gracias al trabajo museográfico de Ahmed Valtier, Edmundo y Alejandro Derbez. Finalmente, la tiranía de la memoria siguiendo a Nora parece haber sido derrotada: «… cuando otra forma de estar juntos se instale… Habrá quedado definitivamente cerrada la era de la conmemoración. La tiranía de la memoria no habrá durado más que un tiempo, pero era el nuestro.101» Bajo la inspiración teórica de Pierre Nora y siguiendo una metodología descriptiva y cualitativa hemos revisado trabajos historiográficos y prácticas culturales ocurridas en Monterrey durante los últimos 25 años, postulando la hipótesis de que se 101 Nora, Pierre. 2008. pág. 95 148 Las políticas de memoria en la construcción del discurso histórico ha producido en la capital regiomontana un proceso singular de reapropiación y emergencia de nuevos lugares para la memoria. Ahora, una vez que han sido escuchadas las voces y significado nuevos lugares, queda pendiente el reto del historiador para construir no historias verdaderas sobre la batalla, sino lo más objetivas posibles: “… el historiador es a la vez un especialista, un árbitro entre las diferentes memorias, un intérprete de cada una de ellas y aquel que trata de reconstruir los sucesos en su profundidad histórica y en su duración”102. La configuración de nuevos lugares de memoria no es un proceso acabado, sino permanente. Sujeto a coyunturas, efemérides, vaivenes a muchas condicionantes. Constantemente se derriban esculturas, los que ayer eran héroes, son hoy excomulgados. Mientras tanto, el historiador tiene que esperar a que baje la marea para poder ejercer su función en los términos en que Nora lo concibe: convertirse en un árbitro entre diversas memorias.
Fuentes consultada
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